«Nos habían hecho creer que lo inherente a nuestra naturaleza era malo».
Los protagonistas de estos dieciocho relatos, personajes sin rostro ni sombra, miran a lo humano y abrazan lo divino, lo misterioso. Transitan
un mundo desnaturalizado, pero conservan su propia imagen frente a la que esta tierra extraña este extraño tiempo quiere imponerles.
En Ritos paganos encontramos territorios ignotos, donde el tiempo se demora, de los que estos peregrinos emergen entre «días azules y soles
de infancia», al ritmo nostálgico de una milonga. Caminantes que miran hacia dentro y se reconocen fuera de convencionalismos.